Matilde Ladrón de Gevara.
No sabía qué hacer esa mañana,
si matarse o asar una manzana.
Entonces se quedó mirando el cielo,
el cielo raso de su desconsuelo.
En el reloj eran las once y pico
cuando la perra le acercó el hocico.
Así que decidió escribir pareados,
pobres versos que están casi olvidados.
Su mujer pasó junto a su rima
y la ternura se le vino encima.
Tan mezcladas tristeza y alegría,
no sabía qué hacer, nada sabía.
Y por fin comprendió con buena cara
que toda vida es una mezcla rara.
Sergio Zamora Ibáñez.
El pareaba y paría y no paraba
y perreaba y partía y perorabay leía de Elisa la poesía,
con goce inocultable la leía
y comprendió,volviendo a su pasado,
que era un hombre quebrado.
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